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lunes, 28 de noviembre de 2016

Pequeña teoría del smartphone. Jorge Riechmann

Jorge Riechmann (Profesor de Filosofía Moral en la Universidad Autónoma de Madrid, es traductor literario, poeta y ensayista), ha publicado recientemente el libro ¿Derrotó el smartphone al ecologismo? Para una crítica del mesianismo tecnológico -que estoy deseando leer. La contraportada del texto nos ofrece ya un jugoso párrafo de presentación:

"Nos resulta más fácil aceptar el fin del mundo que el final del smartphone. Y es que como proclaman los gurús de Silicon Valley, la promesa redentora de una tecnología sin fisuras nos permitirá solucionar “todos los problemas del mundo”. El mesianismo tecnológico es la modalidad predominante que adopta hoy la ideología del progreso, sostenida en la ilusión de que la tecnociencia nos permitirá rehacer el mundo a nuestra imagen y semejanza. Las fuerzas de esta tecnolatría, como nos recuerda Jorge Riechmann, sueñan hoy con la velocidad de escape: cada vez más lejos y cada vez más rápido es la divisa de los cambios tecnológicos para escapar de los límites biofísicos y de la condición humana, banalizando los procesos de destrucción en curso. Estas desmesuradas ilusiones de sobrepotencia humana, magnificadas por los poderes de la razón, la tecnología y la ciencia, es lo que puede llamarse prometeísmo. Y este puede reconocerse en los experimentos de ingeniería social del nazismo y el comunismo como en la nueva eugenesia científica promovida por el “transhumanismo” y su búsqueda de la Superinteligencia, Superlongevidad y Superbienestar de nuestra especie. Este ensayo sostiene que tenemos que resisis frente a esas ilusiones nihilistas y someter a crítica nuestra propia razón utópica, reconstruyendo y construyendo para ello una racionalidad ecológica. Y ecologismo quiere decir, esencialmente, asunción de los límites."

Mientras llega el texto, nos quedamos con unos apuntes personales sobre el smartphone, esbozados en su blog tratarde.org, en los que el futuro título de este libro aparece como aformismo: pequeña teoría del smartphone.

Entrevista a Jorge Riechamnn con motivo de la publicación de este libro en el programa radiofónico: El Planeta de los Libros (pincha aquí). 


Pequeña teoría del smartphone[1]


1

Los problemas sociopolíticos se redefinen como cuestiones personales para condenar a la impotencia a los individuos aislados. Estamos dentro de un orden político-económico que organiza la competencia sin fin abajo, para preservar el dominio oligárquico (plutocrático) arriba… Y el internet distribuido –¡cada cual con su smartphone en las manos, cada cual, en realidad, en manos de su smartphone!— asegura mecanismos incomparablemente poderosos de disciplinamiento y control… que subjetivamente son vividos por la inmensa mayoría como un entorno de libertad.



2

“¿Cuántas cuentas de correo caben en tu mano?”, interroga la publicidad de uno de esos smartphones de cuya imprescindibilidad tratan de convencernos. Pero cualquier persona con dos dedos de frente, tras breve meditación, verá que un par de cuentas de correo pueden ser una ayuda, diez cuentas supondrán un engorro casi inmanejable, y cien cuentas una pesadilla a la que no querríamos ser condenados… Allí donde la lógica de maximización nos pierde, la lógica de suficiencia se ajusta a las medidas de lo humano. Se ajustaría, si quisiéramos esa otra forma de vivir, amar, prosperar.


No maximizar. (Ojo con el perfeccionismo, que siempre se venga.) Nunca tratar de maximizar.



3

Nada de intentar mantener el ritmo de las máquinas: es una trampa. Todo nos empuja a ello desde hace dos siglos, y es una trampa –no porque la máquina de vapor de Newcomen y Watt haya sido sustituida por el iPhone deja de ser una trampa.



4

Decía Einstein en un discurso en 1918: “Creo con Schopenhauer que uno de los motivos más fuertes que conducen al ser humano al arte y a la ciencia es la huida de la vida cotidiana, con su rudeza dolorosa y su desesperada monotonía; y de los brazos de los propios deseos siempre cambiantes. (…) Una naturaleza bien equilibrada ansía huir de la vida personal para adentrarse en el mundo de la percepción y los pensamientos objetivos”.[2] Casi un siglo después, vemos que la huida de la vida cotidiana en lo que tiene de ruda y monótona ha sido inmensamente facilitada por el aparatín milagroso que todo el mundo tiene ya en el bolsillo. ¡Alabadas sean las TIC! Eso sí, ningún auxilio nos proporcionan estos nuevos teléfonos móviles contra el otro gran motivo de desasosiego que menciona el gran físico judío alemán: el caos de los deseos siempre cambiantes se ve más bien alimentado por el flujo incesante de datos.



No sabemos soportar la soledad y el aburrimiento: es el problema de la “habitación de Pascal” sobre el que ya hace tiempo llamé la atención… (Jorge Riechmann, La habitación de Pascal, Catarata, Madrid 2009). Creo que esa incapacidad es la razón de fondo que explica cómo el smartphone se ha convertido en el miembro más imprescindible del cuerpo humano, tan poco tiempo después de comenzar a comercializarse. Y así, para preservar el internet móvil mercantilizado que nos promete constante distracción y compañía, así, para salvar ese perverso orden de prioridades, devastaremos la biosfera y destruiremos el mundo humano.



5

Como nos resulta (parafraseando a Frederic Jameson) más fácil imaginarnos el final del mundo que el final del smartphone, la devastación de la biosfera –y con ella la autoaniquilación del ser humano— va a proseguir hasta sus últimas consecuencias (o quizá –si hay mucha suerte— sólo hasta las penúltimas…). No es una fatalidad –depende de lo que hagamos y dejemos de hacer, y somos animales con libre albedrío—, pero es lo que desgraciadamente va a suceder. Me impresionó el punto de vista sobre internet y la cultura humana del ecólogo de la Universidad de Florida Mark T. Brown.



6

Hay formas de colapso ecológico-social que parecen mejores que algunas trayectorias de –cierta– sostenibilidad. Si uno piensa, como decía el profesor Mark T. Brown en Valencia el pasado mes de octubre,[3] que internet es lo más valioso que ha creado el ser humano, entonces estará dispuesto a construir centrales nucleares para que la World Wide Web pueda seguir activa en un mundo de recursos escasos (nuestro mundo en el Siglo de la Gran Prueba). Parece difícil concebir una sociedad en esas condiciones que no esté fuertemente militarizada… En fin, ¡un futuro fuertemente distópico! Algunas formas de colapso, si discurrieran sin demasiada violencia, resultarían claramente preferibles.



7

La tecnociencia sigue alimentando su sueño de dejar atrás la biosfera y la condición humana (deseo de ser alienígena –tan potente en el alma del ser humano, como sabemos desde Platón y los gnósticos –hoy actualizados en la Fundación Mars One, que se propone organizar la primera expedición a Marte, o por Ray Kurzweil con su fe en la Singularidad). El capitalismo sigue también nutriendo su fantasía de beneficios infinitos gracias al crecimiento económico ilimitado (a pesar de desplegarse en un planeta finito dotado de recursos naturales limitados). Y la alianza entre capitalismo y tecnociencia se estrecha, en perjuicio del ser humano (de todos los seres vivos): asistimos con entusiasmo a la universalización delsmartphone (y pronto de las googleglasses), a pesar de que se trata del sistema de control social más denso y profundo que jamás se pudo soñar… El resultado, perfectamente previsible, son sociedades destruidas en ecosistemas devastados: un ecocidio acompañado de genocidio, preprogramado para la segunda mitad del siglo XXI, y en cuyos inicios ya estamos.



8

En una entrevista en eldiario.es, en diciembre de 2014, se preguntó a Yayo Herrero: “¿Se puede construir un discurso mayoritario con esta base [ecologista]?” Y la ex coordinadora confederal de Ecologistas en Acción contestaba: “Estoy convencida de que sí”.[4]



Florent Marcellesi tenía más dudas: “A mí me gustaría tener tanta convicción en nuestra capacidad de ser mayoritarios pero, la verdad, necesito algo más, tanto teórico como empírico, para creérmelo”, escribía en un correo electrónico. “¿Es posible conectar de forma masiva el imaginario ecologista con el imaginario colectivo real-actual? O ¿quizás nuestro objetivo ya no es cambiar a las masas sino prepararnos desde comunidades pequeñas al colapso o a los puntos de inflexión que sin duda aparecerán en los años venideros?”[5]



Probablemente las dudas del co-diputado verde en el Parlamento Europeo manifiestan una apreciación más realista de la situación… Ecologismo quiere decir, esencialmente, asunción de límites. Asumir los límites del cuerpo; los de la condición humana; los de la socialidad; los de la libertad y la capacidad de acción; los de la facultad de control; los de la técnica; los de los recursos naturales; los de los ecosistemas; los de la biosfera terrestre… (En este sentido, me diréis, no resulta tan diferente de las antiguas tradiciones sapienciales, y tenéis razón: el ecologismo presupone, y desarrolla, una ecosofía.) Pero, en la actualidad, cada vez que el ecologismo nos susurra al oído esas desagradables verdades, cada vez que nos dice “recuerda que eres mortal”, la “lección de cosas” encarnada (maquinizada) en elsmartphone que tenemos en ese momento entre las manos nos incita: “No hagas caso a esos cenizos. Tu máxima será NO LIMITS.” Hoy, la cultura dominante se halla a un paso de proponer el encierro de los pesimistas en campos de concentración…[6]



9

El obstáculo mayor –y es imponente— para que un discurso ecologista pudiera ganar mayorías es la generalizada tecnolatría que fomenta la cultura dominante. La encuesta “Perspectivas de futuro de la sociedad”, realizada en diciembre de 2013 (a una muestra de 1.200 españoles y españolas mayores de 18 años), mostró que el 92% creía probable que, en los próximos veinte o treinta años, haya de reducirse drásticamente el uso de combustibles fósiles, ya sea por agotamiento de los recursos o para evitar un cambio climático catastrófico. Pero de esa gente, sólo el 23’8% cree que habrá escasez de energía y crisis económica (es decir, apenas una de cada cinco personas del total). El resto confía en que las energías renovables, o las energías renovables más la energía nuclear, o las energías renovables más la energía nuclear más nuevos inventos que no se sabe cuáles son, pero que sin duda estarán ahí a tiempo para evitar la escasez de energía, permitirán continuar con elbusiness as usual.[7]



Ésa es la fe ciega en la tecnología que está velando los ojos de la mayoría social; y se trata de una fe irracional (como cualquier persona versada, en este caso, en asuntos de energía puede atestiguar), pero sumamente poderosa. A mí esto me recuerda la situación en la Alemania de Hitler, al final de la guerra… Se estaba perdiendo en todos los frentes, pero la victoria final estaba asegurada, porque ¿quién podía dudar que los científicos arios estaban desarrollando armas secretas de todas clases, que iban a invertir la situación transformando la derrota en victoria?



A fin de cuentas, quizá mañana terminemos de ver que el smartphone derrotó al movimiento ecologista.[8]



10

Donde nos haría falta la revolución cultural de la sustentabilidad (véase por ejemplo el sintético planteamiento de Ricardo Almenar en El fin de la expansión), lo que tenemos es Candy Crush en cada pantalla retroiluminada: el Brave New World de la tecnociencia.



Nos resulta más fácil aceptar el fin del mundo que el fin del smartphone. Quizá porque nadie puede ya concebir un mundo sin este chisme, la disyuntiva entre socialismo o barbarie no admite ya resolución más que a favor del segundo término.



Fantasean con un mundo de ingenieros informáticos, actrices, banqueros, blogueras, trendsetters, diseñadoras y sobre todo turistas, muchos cientos de millones de turistas… Y lo que tendremos en vez de eso es un mundo de campesinos diezmados y paupérrimos.



En medio del derrumbe, y de la violencia indecible que aparejará, el ejecutivo bancario mirará su inerte smartphone de última generación y lamentará amargamente no haber aprendido a plantar patatas.


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[1] Una primera versión de este texto se publicó en la sección “En sus propias palabras” de Ínsula 819, marzo de 2015, p. 39-40

[2] Discurso pronunciado durante la fiesta del sexagésimo cumpleaños de Max Planck, en abril de 1918; ahora enAlbert Einstein: el libro definitivo de citas, Plataforma Editorial, Barcelona 2014

[3] Brown dirige el Center for Environmental Policy de la Universidad de Florida, y es uno de los más distinguidos expertos mundiales en el análisis de sistemas en términos emergéticos, sí, “emergéticos” con eme, adjetivo procedente del sustantivo emergy: véase por ejemplo http://www.cep.ees.ufl.edu/emergy/resources/presentations.shtml

[4] Seguía argumentando: “En los últimos años hemos ido [las y los ecologistas] a todo tipo de espacios, desde foros cristianos de base a sindicatos. Y cuando tienes tiempo para poner estas cosas encima de la mesa la gente lo entiende. Es perfectamente capaz de entenderlo. Si algo tienen los planteamientos de la economía ecologista y feminista es que son tan cercanos y tienen tanto que ver que son más fáciles de entender que cuando pretendemos que la mayoría entienda qué es la prima de riesgo o la Bolsa.” Yayo Herrero, “La confluencia se alcanzará; lo contrario rompería con la lógica de Podemos”, entrevista en eldiario.es, 13 de diciembre de 2014. Puede consultarse en http://www.eldiario.es/politica/Yayo-Herrero-confluencia-impulsado-Podemos_0_334217225.html

[5] Comunicación personal, 13 de diciembre de 2014. En el mismo intercambio, Mª Eugenia Rodríguez Palop apuntaba: “Creo que la vía más apropiada para conectar con la gente es la de subrayar la vinculación de la ecología con la violación de los derechos humanos (correctamente reformulados, porque si no, no se entiende) y la necesidad de rescatar el bien común de las pretensiones depredadoras del sistema económico-político al uso. El esfuerzo debería ser el de denunciar simultáneamente las cuestiones ecológicas y las sociales…algo que se nos ha resistido, en parte, porque, en ocasiones, se ha practicado el autismo tanto entre ecologistas como entre activistas por los derechos humanos. Con el asunto del cambio climático, por ejemplo, no me parece que se haya logrado denunciar ambas cosas, como no se logra, habitualmente, con el tema de la gestión del agua (excepto en algunas regiones del planeta – justicia ambiental) o con la contaminación…Imagino que hay, además, otras vías, pero me parece que establecer CLARAMENTE la relación que hay entre la crisis ecológica y la vulneración de derechos civiles, políticos y sociales (y no solo de derechos sociales), es un camino interesante.”

[6] Desde la gran prensa se recomienda “evitar el contacto con las personas pesimistas y desmotivadoras, ya que esta clase de dinámicas mentales son altamente contagiosas”. Francesc Miralles, “Lo peor que puede pasar”, El País Semanal, 30 de noviembre de 2014, p. 22.

[7] Mercedes Martínez Iglesias, “No tan ricos, pero aún muy consumistas”, ponencia en el Simposio internacional “¿Mejor con menos? Decrecimiento, austeridad y bienestar”, 6, 7 y 8 de octubre de 2014, Facultat de Ciències Socials de la Universitat de Valencia.

[8] En cuanto a las ilusiones sobre la “desmaterialización” que traerían consigo las TIC, véase el dossier La huella del consumismo tecnológico preparado por José Bellver, Daniel López Marijuán, Fernando Cembranos y Juan José Castillo (FUHEM, diciembre de 2013; disponible en (https://www.fuhem.es/media/cdv/file/biblioteca/Dossier/Dossier_La-huella-del-consumismo-tecnologico.pdf )

Un ejemplo, donde se compara la lectura de prensa en papel y en pantalla: “En cuanto a los medios de información digitales, a pesar del notable aumento en su número de lectores en detrimento de la prensa escrita, tampoco están muy claras aquí las ventajas ambientales de leer las noticias por internet frente a un periódico en papel. Según documenta Andrius Plepys, el impacto ambiental sería mayor en el medio digital una vez pasados 20 minutos y más amplificado aún si el lector o la lectora decidiese imprimir una o varias de esas noticias.” José Bellver (en la p. 11 del dossier) toma estos datos de A. Plepys, “The grey side of ICT”, Environmental impact assesment review núm. 22, 2002, pp. 509-523.

Otro ejemplo: “El físico Eric Williams, uno de los académicos que más contribuye hoy a desvelar esta cara oculta de las TIC, mostraba, en un estudio elaborado junto con Ruediger Kuehr para las Naciones Unidas, cómo la fabricación de productos electrónicos es altamente intensiva en el uso de recursos naturales, superando con creces a otros bienes de consumo. Según sus cálculos, la fabricación de un ordenador de sobremesa requiere al menos 240 kg de combustibles fósiles, 22 kg de productos químicos y 1,5 toneladas de agua. El peso en combustibles fósiles utilizados supera las cien veces el peso del propio ordenador, mientras que por ejemplo, para un coche o una nevera, la relación entre ambos pesos −de los combustibles fósiles usados en su fabricación y del producto en sí− es prácticamente de uno a uno” (p. 9; en este caso el estudio citado es R. Kuehr, y E. Williams, (eds.), Computers and the Environment. Understanding and Managing Their Impacts, Kluwer Academic Publishers, Dordrecht, 2003).


Blog de Jorge Riechmann: tratarde.org

lunes, 25 de mayo de 2015

La libertad como desconexión

En la era de las redes y las conexiones, de los links y la instantaneidad comunicativa, la peor tragedia cotidiana es tener que escuchar que el teléfono marcado está desconectado o fuera de cobertura, que alguien tarde demasiado (es decir, dos días) en contestar un correo electrónico. Y la pérdida de conexión equivale a la muerte comunicativa, donde uno queda al margen de las oportunidades vitales. Si el fallo o la lentitud en la conexión los experimentamos como un verdadero drama es porque la comunicación inmediata forma parte de las posibilidades que damos por supuestas en una sociedad de la instantaneidad interactiva.

El éxito de la metáfora de la Red para describir la sociedad contemporánea se debe a la omnipresente realidad de la conexión. La conectividad es vista como un multiplicador de las actividades y de las oportunidades. El estado de conexión permanente se ha convertido en nuestra normalidad cotidiana. La obligación de estar conectado vale para todos los ámbitos de la sociedad: para el cultivo de la amistad, para la comunicación en la familia, para las organizaciones, la ciencia o los movimientos antiglobalización, para los niños a los que en una edad muy temprana pertrechamos con un móvil.
No llevamos bien la desconexión porque sentimos que nos estamos perdiendo algo

La conectividad es tanto un imperativo técnico como moral. Se trata de estar siempre integrado, disponible, accesible. No llevamos bien la desconexión porque estamos psicológicamente configurados con la sensación de que nos estamos perdiendo algo, sin argumentos para frenar la multiplicación de los contactos y apremiados por la exigencia de rendimiento continuo. No estar al alcance de los demás o resistirse a ciertas redes es toda una rareza. La conexión ha sido la clave de las oportunidades personales y la fuente de la riqueza para las naciones. La desigualdad digital se ha planteado como un problema de desigualdad en el acceso y no tanto a la capacidad efectiva de hacer algo con tales tecnologías.

Ahora bien, en menos de veinte años hemos pasado del placer de la conexión a un deseo latente de desconexión (Francis Jaureguiberry). Del mismo modo que el ocio y la pereza fueron reivindicados en la era del trabajo o el decrecimiento en medio del éxtasis del crecimiento y la aceleración, han ido apareciendo en los últimos años diversos elogios de la desconexión. Las reivindicaciones de un derecho a desconectar se han venido sucediendo a medida en que eran más visibles los inconvenientes y las patologías de la hiperconectividad. Aumentan los diagnósticos que hablan de una verdadera dependencia provocada por el exceso de interpelaciones y la sobredosis comunicativa.

¿A qué se debe este malestar que surge allí donde hasta hace poco celebrábamos una verdadera orgía del contacto y la accesibilidad? De entrada, al hecho de que el imperativo de la conectividad es una forma de poder, una imposición que exige de nosotros disponibilidad continua. El hecho de no responder inmediatamente al teléfono, por poner un ejemplo cotidiano, es algo que ahora debemos justificar. El imperativo de la inmediatez comunicativa se ha convertido en una estrategia de abreviación de los plazos y generación de la simultaneidad, lo que incrementa la aceleración general y la cantidad de cosas que podemos (y debemos) hacer. Pensemos en el teletrabajo, que en pocos años ha pasado de ser una liberación a experimentarse como una maldición. Donde rige la teledisponibilidad permanente, la urgencia se contagia hasta el espacio privado, que ya no resulta protegido por la distancia física.

Existen aplicaciones que bloquean las redes sociales cuando uno quiere no ser interrumpido
El exceso de conectividad se vive subjetivamente como una carga porque el impulso de comunicar y expresar nos está situando fuera de todo autocontrol subjetivo. Seguramente hemos traspasado ya el umbral a partir del cual el networking se convierte en overlinking, la complejidad resulta irreductible y la sensación más habitual es la de estar desbordado. Todo ello ha llegado a provocar una náusea telecomunicativa, una fatiga tecnológica que se traduce en un deseo de desconexión, aunque sea parcial.

Cada vez hay más problemas que tienen que ver con el exceso de conectividad: las decisiones se complican cuando intervienen demasiadas personas e instancias; donde esperábamos una crowd intelligence tenemos más bien una conducta adaptativa que dificulta la creatividad personal; hay conexiones siniestras que están en el origen de cierta corrupción (entre los poderes políticos, económicos y mediáticos) y que solo se resuelven desacoplándolos; experimentamos el agotamiento que supone no tener espacios libres de conexión o la obligación de estar siempre localizables... La idea de "enredarse" tiene cada vez más connotaciones negativas, que aluden a la pérdida de tiempo, a quedar entrampado, a una omisión de lo verdaderamente importante.

Frente a este malestar, aumentan las estrategias de desconexión. En primer lugar, las de tipo personal, en la gestión de la propia conectividad. El objetivo sería preservar el propio ritmo en un mundo que empuja hacia la aceleración y a defenderse de un ambiente telecomunicacional intrusivo. Algunos reivindican el derecho a hacer una pausa, a no atender todo lo que nos solicita. Aquí cabe mencionar toda una serie de prácticas de desconexión voluntaria que permiten la desintoxicación informativa, como gestionar la atención y reducir el número de las informaciones a las que se hace caso, o modos de rehusar la comunicación continua, como desconectar el teléfono o el correo electrónico mientras se trabaja. Como decía Deleuze se trataría de "crear vacíos de comunicación, interruptores, para escapar al control". La espera, el aislamiento y el silencio, que habían sido entendidos como una pobreza a la que había que combatir, pasan a ser opciones positivas que permiten construir la autonomía personal.

La ciudad nos enseña prácticas de indiferencia social útiles para civilizar el espacio digital
En Francia ha habido recientemente un debate en el que se ponía en cuestión que estar conectado veinticuatro horas fuera bueno para los trabajadores; hay empresas californianas que envían a sus empleados a estancias para curar su exceso de conectividad; se da el caso también de empresas que han prohibido todo correo profesional a partir de cierta hora y durante los fines de semana. Me da la impresión de que estar desconectado es algo que va poco a poco perdiendo algunas de sus connotaciones negativas, que ya no designa una deficiencia comunicativa sino una práctica voluntaria que puede ser beneficiosa. Tal vez ilustre este cambio de valores el hecho cotidiano de que las vacaciones se hayan convertido para muchos en algo que ponemos bajo la metáfora del "desconectar".

Las estrategias para desconectar pueden agruparse en las de tipo temporal o espacial, según sea la dimensión en que se realizan. Las desconexiones temporales tienen que ver con la recuperación de un tiempo propio en el que el individuo pueda encontrar sus propios ritmos, el sentido de la duración y de la espera, de la reflexión y la atención. Se basan en el descubrimiento, tras décadas de sumisión a la prisa, de que los tiempos propios (de la reflexión, la distancia y la maduración) son fundamentales para construirse a sí mismo como sujeto. A veces basta con adquirir hábitos elementales como no contestar inmediatamente o ralentizar el trabajo. Desconectar, en este sentido, no tiene por qué significar salirse del tiempo sino encontrar el propio ritmo y no dejarse imponer unas aceleraciones que son discriminatorias, que no se corresponden con el tiempo que nos caracteriza íntimamente o con el propio de nuestro modo de trabajar (como las exigencias de rentabilidad a los saberes humanísticos, por ejemplo, o un criterio de innovación tomado de las ciencias naturales).

Las estrategias de desconexión espacial consisten en un placer inédito para nuestros antepasados: "La felicidad de estar ilocalizable" (Miriam Meckel). Se trata de salir de un ámbito en el que rige el ideal —que termina convirtiéndose en obligación— de transparencia o de reivindicar el derecho a no estar geolocalizable, interrumpiendo dicha función en nuestros móviles y ordenadores.
Hay empresas californianas que envían a sus empleados a  curar su exceso de conectividad
De hecho, nuestros dispositivos desarrollan cada vez más estas posibilidades de desconexión. Del mismo modo que los coches tienen la posibilidad de desconectar el sistema de conducción asistida o los fusibles saltan en nuestras casas cuando la intensidad eléctrica es excesiva, ya existen aplicaciones que bloquean la tentación de las redes sociales como AntiSocial, Afirewall o SelfControl cuando uno quiere no ser interrumpido y pretende aislarse para trabajar durante un tiempo. Igualmente hay filtros cada vez más sofisticados para proteger a los niños en el espacio abierto de Internet. Cabe mencionar en este sentido, como un movimiento contrario al frenesí expresivo de las redes sociales, movimientos como Anonymous, que reflejan el deseo de despersonalizar ciertas intervenciones en la Red. O pensemos, sin ánimo de hacer la lista exhaustiva, en el hecho de que la seguridad de las comunicaciones tiene que ver con soluciones que dificultan la accesibilidad a cualquiera, es decir, con estrategias para limitar la conectividad.

¿Cómo equilibrar las ventajas de estar conectado con la libertad de no estarlo siempre ni absolutamente? Propongo pensarlo mediante una analogía con la ciudad y plantearnos como objetivo urbanizar el espacio digital. Los grandes teóricos de la vida urbana (como Simmel, Bahrdt o Goffman), a contracorriente del tópico que exaltaba la cercanía y autenticidad de los pequeños enclaves comunitarios, subrayaron el anonimato que hacían posible las grandes ciudades, la libertad frente al control, la indiferencia generalizada, una cierta desatención, esa combinación de relaciones y privacidad, donde uno puede decidir qué aspecto de la propia personalidad desvela u oculta a los demás. El sociólogo alemán Georg Simmel dijo algo acerca de la ciudad moderna que podría sernos muy útil a la hora de pensar el tipo de interacción que debemos construir con las redes sociales. Llamó la atención sobre el hecho de que las ciudades son formas "débiles" de comunidad y comunicación, en las que es posible una cierta indiferencia frente a las múltiples ofertas de interacción. A diferencia de lo que ocurre en el mundo rural, en ellas no es obligatorio saludar a todo el mundo, ni comprar a todos los que nos ofrecen algo, ni considerar como un desprecio que no se fijen en nosotros. En la ciudad es posible ignorar a otros y disfrutar la libertad del ser ignorado por otros, el derecho a la no intromisión, a no ser juzgado.

La ciudad nos enseña muchas prácticas de indiferencia social que pueden ser de gran utilidad para civilizar el espacio digital. La experiencia de la distancia urbana podría ser un modelo para pensar de qué modo disfrutar de las posibilidades de interacción que nos ofrecen las TICs sin renunciar a las diversas formas de libertad que sólo pueden disfrutarse mediante una práctica de desconexión.
En un mundo en el que la inmediatez y la vecindad son lo habitual, resulta imperativo recuperar el sentido de la distancia como algo que uno debe procurarse para ralentizar el ritmo de la comunicación y la decisión, para sustraerse a la influencia de las opiniones ajenas y pensar por cuenta propia, para decidir uno mismo en su propio espacio y con su propio tiempo. Si en el pasado la distancia era un obstáculo para muchas cosas, hoy es un instrumento que facilita la autonomía personal.
Daniel Innerarity

Fuente: diario El País 

sábado, 23 de mayo de 2015

Ritmo, memoria y comunicación

La mayor parte de las entradas del blog están dedicadas a los efectos biológicos dañinos y patológicos de los CEM para la salud. Poco hablamos de otra de las facetas que han supuesto una alteración social y vital profunda que nos ha llegado de la mano de las tecnologías de la comunicación inalámbrica tiene que ver, no podía ser de otro modo, con la comunicación y la intercomunicación en sentido amplio, con la forma de ser de nuestra sociedad.
La velocidad y disponibilidad de contenidos ha traído consigo grandes ventajas y comodidades, personas, laborales y colectivas. Por otro lado, ya advertía Saramago que en la era de las comunicaciones el hombre está más incomunicado que nunca.

Uno de los grandes servicios de las nuevas tecnologías tiene que ver con la memoria o, por ser más precisos, con la capacidad de almacenamiento de información que nos brindan los distintos soportes. Tras apenas haber transcurrido diez o quince de uso útil y mayoritario de ordenador y móvil a gran escala, ya nos parece imposible trabajar, vivir e incluso pensar como antes lo hacíamos: folios, anotaciones, cuadernos, fotocopias, agendas de teléfono. USB's, pdf.s, agendas electrónicas y la nube contienen ahora en gran medida los contenidos de nuestro trabajo y nuestra información personal. Yo misma, por ejemplo, abrí este blog en un primer momento como depósito de una información que "me estorbaba" en las carpetas de mi ordenador. Qué decir de las nuevas generaciones que ya padecen de un tipo de tendinitis específica del dedo pulgar que, para los más exagerados, posee implicaciones antropológicas y evolutivas.

El gran depósito cultural de la memoria ha sido la escritura y ya en la modernidad la escritura impresa. En otra época, esa fue la gran revolución de las comunicaciones. Pero ¿cómo funcionaban las antiguas sociedades de tradición oral? ¿cuál era su depósito de memoria colectiva, necesario para establecer y transmitir una mínima cohesión normativa en sus comunidades? ¿y qué implicaciones tenía la oralidad como modo de comunicación principal en esa forma de vida que hoy difícilmente podemos imaginar?

Eric. A. Havelock, en su libro, La musa aprende a escribir, (Barcelona, 2008, Paidós) reflexiona sobre cómo "cuando una sociedad depende de un sistema de comunicación enteramente oral dependerá, sin embargo, al igual que la nuestra, de una tradición expresada en enunciados fijos y transmisibles como tales. ¿Qué clase de lenguaje puede satisfacer esa necesidad sin dejar de ser oral? Parece que la respuesta está en un habla ritualizada (...) Ese lenguaje debe ser memorizado. No ha otra manera de garantizar su supervivencia. La ritualización se convierte en el medio de la memorización." (p. 110)

¿Cómo era posible transmitir colectivamente cantidades relativamente grandes de ese lenguaje fijo ritualizado correspondientes a los distintos asuntos de la vida cotidiana y pública? 

"La memoria se forma por repetición. El niño que prefiere que se le repita la misma historia desea ser capaz de recordarla, de contarla él mismo, entera o en parte, y así saborearla mejor. La repetición se asocia a una sensación de placer, factor de primera importancia para enteder la fascinación de la poesía oral. Pero con la mera repetición de contenidos idénticos no se llegará muy lejos. (...) La solución que descrubrió el cerebro del hombre primitivo fue convertir el pensamiento habla rítmica." (p.111).

El primer cajón de la memoria comunicativa lingüística (y no sólo musical) fue el ritmo. La hipótesis de Havelock no acaba aquí. El ritmo asociado al lenguaje a dio lugar al nacimiento de la poesía "que era originalmente el instrumento funcional de almacenamiento de información cultural para uso ulterior", esto es, el establecimiento de una tradición. En esa importante tarea, la funcionalidad y el placer de la repetición rítmica iban de la mano pues, "su finalidad recreativa es también original". 

Piensa Havelock que "hay razones para pensar que el ritmo, en sus diversas modalidades es el fundamento de todos los placeres biológicos -de todos los placeres naturales, el sexo incluido- y posiblemente también de los así llamados placeres intelectuales. Sea como sea, parece que su vinculación con la música y la danza, así como la parte que tiene en las respuestas motrices del cuerpo humano, son indiscutibles. De acuerdo con ello, las sociedades orales asignaban comúnmente la responsabilidad del habla conservada a una asociación entre poesía, música y danza." (p. 112).

 Santiago Auserón sale en busca de las hondas raíces de El ritmo perdido (Barcelona, 2012, Península), de su presencia emotiva, comunicativa y transgresora en épocas y civilizaciones. Habiendo crecido con ritmos negros cantados en lengua extranjera, Auserón se apercibe de la íntima relación que mantiene la triada ritmo-lenguaje-memoria y que está en el corazón comunicativo de las sociedades entendidas como culturas -que apunta Havelock, y se adentra en la selva de la historia para buscar cuáles son los nexos de las rítmicas negras con tradición hispana. En su libro-búsqueda nos cuenta cómo los ritmos y las letras viajan y se transforman de la mano, adentrándonos hasta el corazón de la península habitada por Alfonso X El Sabio.

Voy recogiendo velas para tratar de llegar a puerto. He querido sacar a escena estas -para mi- emocionantes alusiones a Havelock y Auserón para proponer una breve reflexión sobre el tipo de comunicación  que hoy rige la sociedad en la que vivimos y que en otros momentos ha regido otras sociedades de las que venimos. Salen a nuestro encuentro múltiples cuestiones de profundas implicaciones, pero que escapan al alcance de una pequeña entrada en un pequeño blog.

Regreso en este punto a lo que es el núcleo temático de este blog. Lo que paso a comentar no es del todo cierto, (pues los electrosensibles utilizamos -como es el caso- informática y telefonía por cable) pero sirva lo siguiente como propuesta para pensar. Cuando los electrohipersensibles nos enfrentamos por primera vez al hecho de serlo, nos vemos empujados al borde del precipicio de este modelo de comunicación. Se acaba el móvil, se limita mucho el ordenador, pero no sólo. También se limita enormemente el desplazamiento por nuestro entorno social, nuestros pueblos, ciudades y de aquellos entornos naturales invadidos por la radiación via satélite. Las calles, las plazas, los edificios, son los ríos electromagnéticos que posibilitan ese flujo informático inlámbrico infinito del que actualmente depende el depósito de la memoria colectiva. Por ello, también vemos limitado el espacio de la comunicación interpersonal y paradójicamente pasamos a depender del ordenador para poder hacerlo. Esto es lo que Javier Echeverría denomina como "tercer entorno", un escenario "que difiere profundamente de los entornos naturales y urbanos en los que tradicionalmente han vivido y actuado los seres humanos" ( 1999, pág 14). Echeverría lo identifica apenas como medio virtual y al que atribuye comparativamente los siguientes rasgos:

PRIMER Y SEGUNDO ENTORNO (E1 Y E2)
TERCER ENTORNO (E3)
PROXIMAL
DISTAL
RECINTUAL
RETICULAR
MATERIAL
INFORMACIONAL
PRESENCIAL
REPRESENTACIONAL
NATURAL
ARTIFICIAL
SINCRÓNICO
MULTICRÓNICO
EXTENSIÓN
COMPRESIÓN
MOVILIAD FÍSICA
FLUENCIA ELECTRÓNICA
CIRCULACIÓN LENTA
CIRCULACIÓN RÁPIDA
ASENTAMIENTO EN TIERRA
ASENTAMIENTO EN EL AIRE
ESTABILIDAD
INESTABILIDAD
LOCALIDAD
GLOBALIDAD
PENTASENSORIAL
BISENSORIAL
MEMORIA NATURAL INTERNA
MEMORIA NATURAL EXTERNA
ANALÓGICO
DIGITAL
DIVERSIFICACIÓN SEMIÓTICA

INTEGRACIÓN

SEMIÓTICA
HOMOGENEIDAD
HETEROGENEIDAD
NACIONALIDAD
TRANSNACIONALIDAD
AUTOSUFICIENCIA
INTERDEPENDENCIA
PRODUCCIÓN
CONSUMO
J.Echeverría , 1999, pág 145


Dice Javier Echeverría que en la actualidad "emigramos al tercer entorno", por ejemplo, desde una habitación, que él identifica como "segundo entorno". Sin embargo, los electrohipersensibles sabemos bien que una habitación, una calle, un teatro, un parque, físicamente, ya no son "segundo entorno" en la mayoría de las ocasiones. Podría serlo, si la tecnología no utilizara la conexión inalámbrica como modelo energético del que depende para funcionar. Por contra, somos nosotros los que nos vemos excluidos de este segundo-tercer entorno y obligados a emigrar de manera forzosa al "primer entorno", eso teniendo suerte y en el mejor de los casos, si es que se consigue; pues poca gente se imagina lo difícil que eso puede llegar a ser. Y con ello, además, nos convertimos en exiliados del actual modelo colectivo de comunicación.

Perdónenme los vaivenes argumentativos. Pero quiero acabar enlazando brevemente una cita de Havelock y un alegato final al valor profundo de las artes. Vivo en un país, España, en el que la cultura, después de haber sido uno de los grandes motores vitales de nuestra incipiente sociedad democrática, ha pasado a estar apartada del núcleo de las políticas sociales importantes (incluido el sistema educativo, en el que, entre otras muchas cuestiones, la Filosofía está siendo desmantelada) y políticamente penalizada con un 21% de IVA. Saben bien lo que hacen. Decía Auserón, en alguna parte, que los verdaderos materiales, los verdaderos soportes son la palabra, el ritmo y la danza. El peligro de la cultura vinculada a la memoria tradicional es que deviene una forma de sensibilidad colectiva y de pensamiento no caduca e inexpropiable.

Dice Havelock que "el término "información" da cuerpo a una metáfora prestada del lenguaje de la cultura humana y aplicada retrospectivamente al proceso genético. De ahí que, si bien desde un punto de vista la acumulación cultural se pueda explicar mediante la analogía de la acumulación genética, desde otro pnto de vista la evolución genética se explica por la analogía de la evolución cultural." (Havelock, p. 90-91). Pues bien, lejos de ser un elemento vinculado al placer y a la acumulación genética y cultural, el malestar físico de los electrohipersensibles (y no sólo malestar, sino las patologías -el informe REFLEX-EU nos explica que los CEM-telecomunicaciones es genotóxico, pues rompe enlaces simples y dobles de ADN a niveles de radiación muy inferiores a los permitidos)  apunta a una incompatibilidad biológica de nuestro actual sistema de comunicación y memoria inalámbricas con el primer elemento de nuestro organismo social: el cuerpo. La contaminación electromagnética altera la información genética y biológica de nuestro cuerpo. Incompatibilidad de la que nosotros somos un mero síntoma que nos trasciende ya que, aunque físicamente el resto de personas no lo perciban todavía (la EHS ya afecta al 2 - 3 % de la población), afecta al conjunto de la salud de la población, tal y como, tratamos de contar en este blog. Siguiendo el motivo de reflexión que hoy proponemos, la incompatibilidad no sería sólo de orden biológico, si no también rítmica, pues la velocidad y la cantidad de los contenidos disponibles desbordan nuestra capacidad de asimilación, disfrute y reflexión. No es posible ni repetir, ni bailar, ni captar el ritmo, no hay logos-rítmico.

"¿Por qué medios se puede enseñar y encomendar la tradición general al conjunto de la población, de modo que la comparta y viva según ella? Una primera ayuda a este fin reside ya en la técnica empleada. Sus ritmos son biológicamente placenteros, especialmente cuando se hallan reforzados por cantos musicales, por la melodía y por los movimientos corpóreos de la danza. Cuando se realiza en coro, la danza posee además la ventaja de involucrar a grupos enteros en recitaciones compartidas y, por ende, en la memorización compartida, práctica ésta que continuó informando y guiando las costumbres de Atenas hasta la época de Pericles."(Havelock, p. 116)






Poema a la duración (P. Handke, Vivir sin poesia, Madrid, 2009, Bartleby Editores).

"Sí, este objeto, del que con los años nace la duración,
es insignificante en esencia,
no merece la pena hablar de él,
pero sí fijarlo mediante la escritura:
porque tiene que ser lo principal para mi
Tiene que ser mi verdadero amor.
Y debo
practicar mi amor,
indefectiblemente, durante años y años,
para que surjan en mi los momentos de duración,
y otorguen a mi rostro rígido una acuñación
y sitúen un corazón en mi pecho vacío.
Concentrándome en el objeto,
aquello que me ama y es lo principal,
impidiendo así su caducar,
me es posible sentir, tal vez,
tan sólo de modo imprevisto,
el estremecimiento de la duración;
siempre en lo accesorio,
al cerrar una puerta con cautela,
al pelar cuidadosamente una manzana,
al atravesar atentamente un umbral,
al inclinarme a recoger un hilo."

jueves, 1 de enero de 2015

EHS y nutrición

Una de las líneas de ataque a las distintas manifestaciones del Síndrome de Sensibilización Central, en el que se incluyen la EHS (electrosensibilidad) y la SQM (sensibilidad química múltiple) es el cambio de hábitos nutricionales. En general, los doctores recomiendan que se depure la alimentación siguiendo algunos puntos claves:

1. Seguir un estilo de alimentación ecológica, para eliminar los tóxicos, metales pesados, fertilizantes, etc., y para aumentar la calidad de los nutrientes. (Esto no es sólo importante para quienes padezcan SQM, sino también para los EHS, ya que los metales y los tóxicos presentes en la alimentación pueden hacer que el cuerpo sea más sensible a las cargas electromagnéticas ambientales.)

2. Eliminar de la dieta ciertos tipos de alimentos que empeoran la absorción de nutrientes y dificultan la digestión, como son los lácteos y el glúten. (Este punto merece un capítulo aparte, en el que intentaré abundar en otro post).

La buena alimentación es una aliada a no descuidar ya que con los materiales que ingiramos iremos construyendo, a medio-largo plazo, nuestro cuerpo futuro. Se dice que un organismo humano regenera todas sus células en unos 7-8 años. Por lo tanto, si mejoramos la calidad de nuestra alimentación estamos aumentando la posibilidad de que la regeneración celular mejore la situación actual de deterioro  y/o alteración de los distintos sistemas físicos afectados por el síndrome que padecemos. 


En realidad, hay elementos físicos que se regeneran antes. Según la nutrición Macrobiótica:
-Tras los primeros diez días de buena alimentación cambia el pH del plasma sanguíneo, estabilizando su posible acidificación.
-Tras los primeros 90 días se renuevan los glóbulos blancos.
-Pasados 120 días la calidad de nuestra sangre completa es mucho mejor.
-De los 4 a los 18 meses, cambian los músculos periféricos, siendo fundamental introducir hábitos de ejercicio regular.
-A los 36 meses, cambia la musculatura interna, la parte periférica de los órganos internos y el sistema digestivo.
-A los 60 meses, ya se ha producido el cambio completo en los órganos internos.
-De los 60 a los 84 meses, se produce el cambio del sistema nervioso central.



Yo conocí la Macrobiótica por casualidad. Fue durante mi estancia Erasmus en Lisboa. La facultad de Letras contaba con un sistema de comedores públicos en el cual había una cantina de menú con carne, otra con menú de pescado y otra con menú Macrobiótico. Un día probé y a partir de ese momento siempre acudí a ese comedor. Lo hicé sin saber nada acerca de su teoría de la nutrición, sólo porque me gustaban los alimentos, las sopas, los salteados, el arroz... Pero la macrobiótica tiene sus porqués y son muy interesantes.

Mi regreso a la macrobiótica fue circunstancial y motivado por mis problemas de electrohipersensibilidad (EHS). El año pasado fue para mi un año de búsqueda de razones y datos acerca de mi estado de salud. Al tiempo que iba descubriendo artículos médicos, investigaciones, protocolos, etc., me encontré con uno de los textos del Dr. Belpomme en el que indica una serie de parámetros analíticos que son (o pueden ser) indicadores de EHS. Una de las carencias más habituales en los electrohipersensibles es la de la vitamina D. Encargué la analática en la farmacia y, efectivamente, tenía la vitamina D bajo mínimos. A continuación, fui a visitar a mi médico de familia, quien me recetó unos "caramelos/pastillas" de vitamina D, que para mi sorpresa estaban deliciosos, riquísimos. Dulces, suaves, con sabor a limón, muy muy agradables de sabor. A la semana, caí en la cuenta y miré la composición: Aspartamo. En ese momento, empecé a buscar información sobre cómo suplir esas carencias con la alimentación.

Y me encontré con los estupendos vídeos de Rosa Tugores que hoy quiero compartir con vosotros.    Fundamental, el que os enlazo en primer lugar. En él se explican los fundamentos básicos de los menús macrobióticos.




La Macrobiótica fue fundada por el japonés George Oshawa. Al ser una concepción oriental de la nutrición, la Macrobiótica contempla una teoría energética de los alimentos que en ocasiones puede resultar extraña o esotérica al ciudadano occidental no educado en ese tipo de tradición. Rosa lo explica maravillosamente en este vídeo, combinando sus conocimientos científicos de nutrición con las nociones energéticas orientales.





Los electrohipersensibles sabemos bien que nuestra "enfermedad" está causada por el daño que un tipo de energía ambiental ejerce sobre nuestro organismo. En este último vídeo Rosa nos cuenta cómo, además de la energía propia de cada alimento considerado individualmente, la Macrobiótica contempla cómo influyen los cambios de la energía ambiental (las estaciones) en nuestro organismo y cómo nuestra alimentación debe adecuarse a ellos. 




Personalmente, he ganado en bienestar físico desde que empecé mi plan de nutrición macrobiótica. Lo noté enseguida (3 o 4 días) en mi estado general de cansancio. De necesitar descansar tumbada una media de un par de horas a cuatro o incluso más al día, pasé a quedarme recostada unos minutos en el sofá después de la comida. Llevo una lucha permanente con el desayuno, al que no me acostumbro. Y todavía, después de 5 meses, no he conseguido hacer el plan completo bien hecho una semana seguida. Siempre me ha fallado alguna cosa. 

No me gusta el tofu, no me gusta el tempeh, sí me gusta el seitán. Pero hay un problema: es gluten de trigo. Otra de las recomendaciones médicas habituales para los electrohipersensibles es no comer gluten. Este otoño le pedí a mi médico que me hiciera las pruebas de la celiaquía y, afortunadamente, han salido negativas. Por las complicaciones de la vida diaria, hubo cierto momento en el que medio dejé de lado la Macrobiótica. En realidad, no; lo que pasó es que me desordené, volcada en cosas urgentes. Y aunque respetaba ciertas comidas, noté un empeoramiento físico paulatino. Es decir, mi cuerpo notó lo que había ganado en el tiempo que le dediqué con más rigor a la macrobiótica y tardé en notar el bajón. Así que uno de mis principales propósitos para el 2015 es dedicar tiempo a la macrobiótica, algo necesario en todo cambio de hábitos: aprender recetas, combinaciones, probar nuevas salsas, hacer la comida agradable y hacer ejercicio con la energía recuperada. 

Rosa Tugores tiene un portal estupendo en Youtube, donde va subiendo los vídeos de las conferencias y las recetas que imparte en su Escuela de Cocina. En ella, además, ofrece una consultoría de couching individual, que a mi me está funcionando muy bien. 

Estos son sus datos:

Teléfono: 971 757 617
Mail: escuela@rosatugores.com


domingo, 15 de junio de 2014

¿Es el progreso siempre un progreso? (Pienso, luego insisto)

Esta mañana mi hija me ha llamado alborotada con una maravillosa sorpresa. En uno de sus libros, Pienso, luego insisto, de la editorial SM (un libro de Filosofía para niños), se ha encontrado con algo en lo que antes no había reparado.

Este es el libro, por si alguien quisiera hojearlo. (Tiene uno previo titulado Ahora que lo pienso, con el lomo color naranja).




Una de las reflexiones que propone el libro es: ¿Es el progreso siempre un progreso?
Atención al contenido: móviles y tóxicos.





La sorpresa mayor  aparece en la viñeta en la que un niño habla por el móvil a la vez que contempla, en el escaparate de una librería, los libros títulados:

Directo a tu cerebro
Ondas asesinas
¡Peligro!

Algunos avances son un riesgo para nuestra salud.
Pienso Luego Insisto 3 by M Del Mar Rosa

Escribiré a la editorial para felicitarles.
Los libros son maravillosos. Pero con este detalle, probablemente, sean pioneros en la advertencia y difusión de ese peligro entre los niños.

FELICIDADES A LOS AUTORES

martes, 4 de marzo de 2014

Bodegón ultrasensible




La historia del arte cuenta entre sus tesoros con el género de "el bodegón". 
Una de las cimas de esta visión de las cosas, en ocasiones llamadas "naturalezas muertas", la recibimos de las manos de Caravaggio:






Otro autor imprescindible para aprender contemplar la grandeza de la vida a través de las cosas cotidianas es Chardin:



Los objetos nos acompañan, nos facilitan la vida, relatan cómo es nuestro día a día y reflejan en buena medida quiénes somos. 

El Museo Thyssen Bornemizsa de Madrid acoge estos días (hasta el 18 Mayo) una exposición individual con obras de Paul Cézanne (1839-1906). Él también trabajó mucho los bodegones:



Esta mañana me he acordado de él, de ellos, colocando los nuevos productos que van a formar parte de mi vida, al menos una temporada, hasta que sepa si soy o no -también- sensible a los químicos. Aquí os dejo mi "bodegón ultrasensible", una naturaleza muerta que huye de la muerte de la naturaleza a la que poco a poco nos está abocando la gran industria alimentaria y de la comunicación. El fascismo económico global, que no tiembla ni se doblega ante nada y ante nadie.


martes, 25 de febrero de 2014

Algunas mediciones en Murcia

Ayer recibí, por fin, mi medidor CORNET ED78S para RF y LF.
Casualmente, tenía que ir a Murcia al médico y aproveché para medir en algunos sitios a los que yo iba con frecuencia y recabar información. En primer lugar, los exteriores de mi antigua casa:
Esa es la antena que hay ahora. Antes había dos, esa y otra más pequeña, a su izquierda. Así se veían desde mi casa:
Esta es la medición de ayer, hecha en la calle, en la puerta de mi casa, con sólo una antena:
Claramente se ve el nivel en el criptograma. Este era el nivel en el interior de la casa (ahora vive en ella un conocido
) Esta es la imagen de la medición en la casa, cuando yo vivía en ella, cuando estaban las dos antenas, razón por la cual me fui de allí. 4.74 son 4.740mW/m2
Ahora mirad a qué distancia hay dos antenas (en la imagen sólo se ve una) de la Escuela Oficial de Idiomas (el edificio gris oscuro con torre) en la Ronda Norte de Murcia. El edificio amarillo que hay detrás es un Instituto, no sé bien si de Secundaria o de FP.
Mirad la medición de ayer 17:10
Por último, el exterior de la radiación en el Edificio Luís Vives, Facultad de Filosofía de la UMU.13.860mW/m2
Esta fue la medición menor, osea, 8.540 mW/m2
El Informe Bioinitiative 2012, reconoce daño biológico a partir de niveles superiores a 0'03mW/m2. Más de 13.000mW/m2 en la facultad, más de 3.000 en el interior de mi antigua casa y en muchísimos puntos de la ciudad, más la radiación del móvil, microondas, wifis, contadores inteligentes, etc., etc., etc.

domingo, 22 de diciembre de 2013

A Rosa Montero/ De Rosa Montero: La ridícula idea de no volver a verte.


Esta semana he empezado a leer un libro de Rosa Montero que tenía anotado desde su publicación (Marzo 2013) en mi lista mental de textos pendientes: La ridícula idea de no volver a verte. Entonces, había transcurrido ya casi un año desde que murió mi amiga María. Aún así, hasta ahora no había sido capaz de enfrentarme siquiera al título de ese texto, que tanto me apetecía leer, y mucho menos al golpe brutal de tener que aceptar la idea definitiva de no volver a ver a mi amiga nunca más.

La semana pasada su veloz lomo blanco se cruzó conmigo cuando buscaba en una estantería un libro para mi hija. Y lo cogí.
 
Para mi sorpresa, descubrí que el libro cruza la reflexión personal de la autora con la biográfica sobre una experiencia similar, la muerte de su marido, vivida por Marie Curie, la eminente científica. Querida Rosa, creo que hablar con el relato paralelo de un personaje cruzado ha sido un acierto, también para el lector; al menos para mí lo está siendo. Además, me estoy encontrando con numerosas #Coincidencias, cuyo origen está en la dedicación científica del matrimonio Curie al descubrimiento e investigación del polonio, el radio y la radioactividad.

El matrimonio Curie dedicó la mayor parte de su vida a la investigación de estos elementos. Siendo conocedores de los efectos negativos que el radio causaba, por ejemplo, en los animales, los Curie no tomaron ninguna precaución básica sobre su propia salud a la hora de manipular y trabajar con el radio o el polonio, algo que les condujo a sufrir muertes prematuras. (También a su hija Ève). Esto es algo que sorprende mucho a la autora y, presumo, que también al lector, que descubre en el caso narrado cómo y en qué grado a veces pueden convivir conocimiento científico e ingenuidad.
Cuenta Montero:
“Aunque no lograron el aislamiento del radio hasta 1902, el descubrimiento del nuevo elemento lo hicieron mucho antes. En el mismo 1898, al poco de empezar, en sólo unos meses de furioso trabajo, los Curie hallaron primero el polonio, cuatrocientas veces más radioactivo que el uranio, y poco después el radio, que, dijeron, era novecientas veces más radiactivo, aunque en realidad es tres mil veces más potente” (p. 102)
El descubrimiento sedujo a científicos y comerciantes y sus aplicaciones pronto pudieron verse concretadas en distintos tipos de productos: medicinas, cosméticos y otros, defendidos por unos y otros, para asombro, por ejemplo, de Bernard Show –quien dijo:
“El mundo se ha vuelto loco con el tema del radio; ha despertado nuestra credulidad exactamente igual que las apariciones de Luourdes despertaron la credulidad de los católicos” (p. 104)

Pierre y Marie padecieron las secuelas físicas de la radiación. Recoge Montero:
“Pobres Curie: estaban siendo peloteados con diagnósticos y tratamientos absurdos, y para peor, como a veces pasa cuando los doctores ignoran lo que tiene el paciente, estaban empezando a echarle la culpa al propio enfermo (esto me recuerda lo que sucede hoy con la sensibilidad química o la fibromialgia) (Añado yo: y con la electrosensibilidad. Todos nosotros nos hemos sentido así.).”
(Escribe Pierre): “He sufrido varios ataques nuevos y la menor fatiga los dispara. Me pregunto si seré capaz de volver a trabajar seriamente en el laboratorio algún día en el estado en el que ahora me encuentro.” (p.112)

Querida Rosa, ¿no podría ser fibromialgia?
Al final, lo que destapó el caso fue que un millonario murió y hubo un escándalo. A colación de todo ello, se pregunta la autora:
¿No te inquieta pensar cuál será hoy nuestra radiactidad autorizada, qué sustancias legales nos estarán matando estúpidamente?

Querida Rosa, además de la intoxicación química alimentaria diseñada para pobres y clases "medias", la radioactividad autorizada hoy a escala planetaria es la contaminación electromagnética, la llamada plaga del s.XXI, que se calcula que en pocos años afectará al 50% de la población. 
Al igual que entonces, hoy estamos completamente ciegos, o más bien cegados, por los múltiples beneficios de todo lo smart, sin reparar en absoluto en los perjuicios asociados, los perjuicios que también hoy nos sobrevienen de forma invisible a través de ondas y campos electromagnéticos. 

Querida Rosa: los electrosensibles nos enfrentamos todos los días a ridículas ideas: la ridícula idea de no volver a salir, a bailar, a pasear, a ir de compras, a ir a un concierto, a ir a una manifestación, a charlar en un bar, en un museo, la ridícula idea de no poder trabajar, (en nuestra país) la ridícula idea de no encontrar un médico, de tener la culpa por encontrarnos así, la ridícula idea de estar refrendados por toda la literatura científica independiente, pero desatendidos por todas las instituciones políticas y médicas de nuestro país.
Las cosas más ridículas más pequeñas son muchas veces las que mas duelen. Esta semana, en concreto, la ridícula idea de no poder ver a mi hija actuar con su escuela de música, la ridícula idea de dejarla en la puerta, volver corriendo a casa, y regresar a la salida (y ya por eso encontrarme mal).

No sé si los electrosensibles de poca renta tendremos la suerte de que se produzca un escándalo tras la muerte de algún millonario, o de su hijo (los niños son 5 veces más vulnerables que los adultos) por este tipo de contaminación antes de que se cumpla ese dato y que ese escándalo tenga fuerza suficiente para modificar las actuales leyes, leyes que están lejísimos de la ingenuidad del matrimonio Curie y que hoy contravienen numerosos informes y llamamientos científicos internacionales sobre los perniciosos y peligrosos efectos que la contaminación electromagnética tiene para la salud de toda la población.

Querida Rosa, con un enorme abrazo, aquí le dejo un #Imprescindible nada ridículo: "el llamamiento de París 2009 (apenas 4')
Muchas gracias por su trabajo.

https://www.youtube.com/watch?v=1i5DYXAURo0